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“Mientras otros niños jugaban, yo estaba cuestionando el sistema”, Xiomara Ancona

Seguro muchos ya me ubican. Soy esa presencia de Casa Koltin en la parte de abajo, conviviendo con las Grandes Personas. Pero si alguna vez se han preguntado “¿qué hace Xio?”. Les cuento que oficialmente mi puesto es: Coordinadora de Investigación y Desarrollo Comunitario (en unos momentos les explico qué significa eso, porque sí, yo también lo he tenido que traducir varias veces).

Me llamo Xiomara Ancona Díaz, pero la verdad casi nadie me dice Xiomara. Toda mi vida me han dicho Xio. Excepto mi papá, que me dice Xiomarita.

De la indignación social a un propósito profesional

Tengo 26 años, estudié Desarrollo y Gestión Intercultural en la gloriosísima UNAM, con especialidad en mediación intercultural de grupos vulnerables. ¿Qué significa esto? Básicamente, me he preparado para acompañar, guiar y visibilizar a personas que históricamente han sido silenciadas, ayudándoles a exigir mejores condiciones en un mundo que muchas veces puede ser muy injusto y hostil. Soy escorpión, no sé mucho de signos zodiacales, pero dicen que eso me hace una persona intensa, sensible y chillona... y la verdad, confirmamos. Soy una persona profundamente empática y emocional, de esas que sienten todo con todo.

Desde muy chica me ha indignado la injusticia social. Recuerdo pensar —como a los ocho años— en cosas como que yo podía ir a la escuela y tener comida en la mesa, mientras otras personas no tenían lo mismo. Mis papás seguro pensaban que tenían una hija muy extraña, porque mientras otros niños jugaban, yo estaba cuestionando el sistema... aunque también jugaba, obvio.

Eso me marcó tanto que decidí dedicar mi camino académico y profesional a entender esas desigualdades y buscar maneras reales de aportar a un cambio, aunque sea desde mi trinchera. Soy una persona terriblemente terca y soñadora. Una combinación peligrosa cuando no se sabe enfocar pero, afortunadamente, he tenido a las personas correctas a mi lado para enfocarme en cumplir mis sueños y metas.

Sé que no estoy sola en esto

En Koltin, en palabras más simples, soy la que observa, pregunta, escucha, sueña y diseña cosas que hacen que la experiencia de las Grandes Personas sea más humana, más significativa y menos solitaria, siempre aportando al cuidado de la salud en comunidad. Porque es más fácil cuidarse acompañado, que cuidarse en soledad.

Yo estoy dentro de proyectos que nacen del deseo profundo de que las Grandes Personas no solo vivan más, sino que vivan mejor. Que se sientan vistas, acompañadas y con propósito. Cosas como: pensar en cómo hacer comunidad real, planear actividades que no solo rellenen el día, sino que sanen (física y mentalmente), escuchar historias, convertir intuiciones en datos y los datos en decisiones para seguir mejorando la salud integral de las Grandes Personas. Todo lo que pienso y construyo en mi trabajo busca precisamente crear mejores condiciones de vida, condiciones dignas. Y sé que no estoy sola en esto: las personas que trabajamos en Koltin compartimos esa misma mirada y esa misma intención.

Me apasiona porque yo no soporto la injusticia. Porque pienso mucho en lo que duele calladamente. Y porque sé —de verdad sé— que envejecer no tendría por qué ser sinónimo de quedarse sola o volverse invisible, como se percibe a veces. Todo lo que hago busca revertir eso.

Mujer mirada injusticia

El gran privilegio que tengo en mi trabajo diario es estar en constante comunicación con las Grandes Personas, aprender de ellas y poder entender de primera mano las necesidades de las vejeces. Koltin es un equipo de gente joven y necesitamos su retroalimentación sobre el envejecimiento ya que aún no estamos ahí; podemos investigar mucho, pero su opinión y experiencia real nos aportan muchas más cosas que un artículo científico.

Aquí puedo ser la Xio terca, empática...

Sin duda mi principal motivación para seguir en Koltin es que sentí que aquí sí se pueden hacer las cosas distintas, que todavía hay lugares que se preocupan por hacer las cosas bien y que el mundo sea un lugar con mejores condiciones de vida para todas y todos. Que el sistema tradicional de salud no es la única opción. Que hay espacio para lo comunitario y para construir otra manera de cuidar. Me sumé porque cuando vi el proyecto pensé: “esto es lo que siempre soñé hacer pero no sabía que existía”.

Y me quedé porque aquí no tengo que esconder mi intensidad emocional ni mi obsesión por hacer las cosas con propósito. Aquí puedo ser la Xio terca, empática, sentimental, y aún así sentir que aporto algo valioso. Yo siempre supe que quería trabajar en un lugar que fuera diferente, un lugar que dedicara su tiempo a hacer un bien común, y en Koltin lo encontré, así que planeo seguir invirtiendo mi tiempo en hacerlo.

Me emociona tanto abrir conversaciones y espacios que rompan con las ideas viejas que reducen la vejez a etiquetas o estereotipos, y que en su lugar abracen la diversidad de historias, cuerpos, trayectorias y sueños.

Personas mayores bailando celebrando

Cuando llega el 28 de agosto, Día de las Vejeces, lo vivo como un recordatorio del porqué estoy aquí.

Porque no existe una sola forma de envejecer y porque todas esas formas merecen respeto, dignidad y compañía.



Xiomara Ancona
Coordinadora de Investigación y
Desarrollo Comunitario